AUDIENCIA GENERAL PAPA FRANCISCO Miércoles 2 de Agosto del 2017

Francisco I nuevo Papa para la Iglesia y para la Legión de las Pequeñas Almas

PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Sala Pablo VI

Miércoles, 02 de agosto 2017

La esperanza cristiana – 29. El bautismo: puerta de la esperanza

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hubo un tiempo en el cual las iglesias estaban orientadas hacia el este. Se entraba en el edificio sagrado por una puerta abierta hacia occidente y, caminando en el pasillo, se dirigía hacia oriente. Era un símbolo importante para el anciano, una alegoría que a lo largo de la historia ha progresivamente decaído. Nosotros hombres de la época moderna, mucho menos acostumbrados a coger los grandes signos del cosmos, casi nunca nos damos cuenta de un detalle particular de este tipo. El occidente es el punto cardinal de la puesta de sol, donde muere la luz. El oriente, en cambio, es el lugar donde las sombras son vencidas por la primera luz del amanecer, y nos recuerda al Cristo, resucitado, que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente. (Cf. Lc 1,78).

Los antiguos ritos del bautismo siempre y cuando los catecúmenos emiten la primera parte de su profesión de fe teniendo la mirada dirigida hacia occidente. Y en esa posición eran interrogados: “¿Renuncian a Satanás, a su servicio y a sus obras?” – y los futuros cristianos repetían en coro: “¡Renuncio!”. Luego se giraban hacia el ábside, en dirección de oriente, donde nace la luz, y los candidatos al bautismo eran nuevamente interrogados: “¿Creen en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo?”. Y esta vez respondían: “¡Creo!”.

En los tiempos modernos se ha parcialmente perdido el encanto de este rito, hemos perdido la sensibilidad del lenguaje del cosmos. Nos ha quedado naturalmente la profesión de fe, hecha según la interrogación bautismal, que es propio de la celebración de algunos sacramentos. Esta permanece de todos modos intacta en su significado. ¿Qué cosa quiere decir ser cristianos? Significa analizar la luz, continuar a hacer la profesión de fe en la luz, incluso cuando el mundo está envuelto en la noche y la oscuridad.

Los cristianos no están eximidos de las tinieblas, externas y también internas. No viven fuera del mundo, pero, por la gracia de Cristo recibido en el bautismo, son hombres y mujeres “orientados”: ellos no creen en la oscuridad, sino en la luz del día; Ellos no sucumben en la noche, sino esperan el amanecer; Ellos no son vencidos por la muerte, sino anhelan el volver a levantarse; Ellos no son doblegados por el mal, porque confían siempre en las infinitas posibilidades del bien. Y esta es nuestra esperanza cristiana. La luz de Jesús, la salvación que nos trae Jesús con su luz y nos salva de la oscuridad.

¡Nosotros somos aquellos que creen que Dios es Padre: esta es la luz! Nosotros no somos huérfanos, tenemos un Padre y nuestro Padre es Dios. ¡Creemos que Jesús ha venido en medio de nosotros, ha caminado en nuestra misma vida, convirtiéndose en compañero sobre todo de los más pobres y frágiles: esta es la luz! ¡Creemos que el Espíritu Santo obra sin descanso por el bien de la humanidad y del mundo, e incluso los dolores más grandes de la historia serán superados: esta es la esperanza que nos vuelve a despertar cada mañana! ¡Creemos que todo afecto, toda amistad, todo buen deseo, todo amor, incluso aquellos más pequeños y descuidados, un día encontraran su cumplimiento en Dios: esta es la fuerza que nos impulsa a abrazar con entusiasmo nuestra vida cotidiana! Y esta es nuestra esperanza: vivir en la esperanza y vivir en la luz, en la luz de Dios Padre, en la luz de Jesús Salvador, en la luz del Espíritu Santo que nos impulsa a seguir adelante en la vida.

Luego hay otro signo muy hermoso de la liturgia bautismal que nos recuerda la importancia de la luz. Después de la ceremonia, a los padres – si se trata de un niño – o al mismo bautizado – si es un adulto – se le entrega una vela, cuya llama es encendida del cirio pascual. Se trata del gran cirio que en la noche de la Vigilia de Pascua entra en la iglesia completamente a oscura, para manifestar el misterio de la resurrección de Jesús; de este cirio todos encienden la propia vela y transmiten la llama a los vecinos: en este signo esta la lenta propagación de la resurrección de Jesús en la vida de todos los cristianos. La vida de la Iglesia – diré una palabra un poco fuerte – la vida de la Iglesia es contaminación de la luz. Cuanta luz de Jesús tenemos nosotros los cristianos, cuanta más luz existe como Jesús en la vida de la Iglesia, está viva la Iglesia. La vida de la Iglesia es contaminación de luz.

La exhortación más bella que podemos dirigirnos recíprocamente es aquella de recordarnos siempre de nuestro bautismo. Yo quisiera preguntarles: ¿cuántos de ustedes se recuerdan la fecha de su Bautismo? ¡No respondan porque alguien se avergonzará! Piensen y si usted no lo recuerda. Ahora usted tienen una tarea para la casa, ir donde la mamá, al papá, a la tía, al tío, a la abuela, al abuelo y preguntarle: ¿Cuál es la fecha de mi bautismo? ¡Y no olvidarlo de nuevo! ¿Está claro? ¿Lo harán? Hoy aprenderán a recordar la fecha del Bautismo, que es la fecha del renacer, es la fecha de la luz, es la fecha en la cual – me permito una palabra – en la cual hemos sido contaminados por la luz de Cristo. Nosotros hemos nacido dos veces: la primera a la vida natural, la segunda, gracias al encuentro con Cristo, en la fuente bautismal. Ahí hemos muerto a la muerte, para vivir como hijos de Dios en este mundo. Ahí nos hemos convertido en humanos como jamás lo habríamos imaginado. Es por esto que todos debemos difundir la fragancia del crisma, con el cual hemos sido marcados en el día de nuestro bautismo. En nosotros vive y opera el Espíritu de Jesús, primogénito de muchos hermanos, de todos aquellos que se oponen a la inevitabilidad de la oscuridad y de la muerte.

¡Qué gracia cuando un cristiano se hace verdaderamente un “cristóforo”, quiere decir, “portador de Jesús” en el mundo! Sobre todo para aquellos que están atravesando situaciones de luto, de desesperación, de oscuridad y de odio. Y esto puede ser entendido por muchos pequeños detalles: de la luz que un cristiano custodia en los ojos, de la serenidad que no es quebrada ni siquiera en los días más complicados, del deseo de recomenzar a querer el bien y caminar incluso cuando se han experimentado muchas desilusiones. En el futuro, cuando se escribirá la historia de nuestros días, ¿Qué se dirá de nosotros? ¿Qué hemos sido capaces de la esperanza, o quizás qué hemos puesto nuestra luz debajo de un cajón? Si seremos fieles a nuestro bautismo, difundiremos la luz de la esperanza, el bautismo es el inicio de la esperanza, esa esperanza de Dios y podremos transmitir a la generaciones futuras razones para vivir.


Saludos:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica.

Los invito a Recordar su Bautismo, la Fecha de su Bautismo, y a Ser Luz de Cristo para los demás, siendo portadores de la vida nueva recibida en el Bautismo, para que los que sufren y los descartados de la sociedad puedan percibir a través de nuestro testimonio de vida la claridad de la esperanza en Cristo.

Muchas gracias.

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Paz, Alegría y Amor

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Acerca de Pequeñas Almas Latinoamérica

Grupo Cristiano Católico que busca el crecimiento espiritual a través de la pequeñez
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